Colacao de 5 kilogramosReflexiones algo extensas en torno al 15 de marzo, Día del Consumidor y Consumidora.  Por Carlos Ballesteros, Profesor de Comportamiento del Cosumidor en La Universidad de Comillas

Me han invitado a escribir en el blog de Customizando para celebrar que todos y todas somos consumidores y consumidoras y que el consumo es un arma muy poderosa para cambiar el mundo. El 15 de marzo se celebra en todo el mundo día del consumidor y me apetecía compartirlo con todos y todas vosotros y vosotras que creéis, como yo, que el mundo, nuestro mundo, tiene solución. Así que allá va mi contribución, que empieza con un trozo de una canción de Bertold Bretch como homenaje Imagen de un ángel pagnado con tarjeta a dios.a las personas, organizaciones, movimientos, redes y gentes que creemos en los derechos del consumidor y en sus deberes; en unas relaciones comerciales justas y que apostamos por otras compras, otros consumos, otras formas de leer las etiquetas más allá de si se lavará con agua caliente o fría o si se conservará varias semanas en el frigorífico. Es una canción que habla de precios y de arroz y de gentes y que plantea un no sé que sobre los precios de las cosas y las personas. ¡Disfrutadla! Y una vez leída, os ofrezco a continuación algunas reflexiones, pistas e ideas para celebrar juntos que somos consumidores.

Río abajo hay arroz, río arriba la gente necesita el arroz.

Si lo guardamos en silos, más caro les saldrá luego el arroz.

Los que arrastran las barcas recibirán aún menos,

y tanto más barato será para mí. Pero ¿qué es el arroz realmente?

 

¡Yo qué sé lo que es el arroz! ¡Yo que sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el arroz. No sé más que su precio

 

Se acerca el invierno, la gente necesita ropa.

Es preciso, pues, comprar algodón y no darle salida.

Cuando el frío llegue, encarecerán los vestidos,

Las hilanderías pagan jornales excesivos.

En fin, que hay demasiado algodón. Pero ¿qué es realmente el algodón?

 

¡Yo qué sé lo que es el algodón!¡Yo que sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el algodón. No sé más que su precio

 

El hombre necesita abundante comida y ello hace que el hombre salga más caro.

Para hacer alimentos se necesitan hombres. Los cocineros abaratan la comida,

pero la ponen cara los mismos que la comen.

En fin, son demasiado escasos los hombres. Pero ¿qué es realmente un hombre?

 

¡Yo qué sé lo que es un hombre! ¡Yo que sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es un hombre. No sé más que su precio

 

(Bertold Bretch)

Fue en un discurso ante el Congreso, un 15 de marzo de 1962 cuando el presidente de EEUU, a la sazón John F. Kennedy, declaró que “Todos nosotros somos consumidores”. Desde ese día se viene celebrando un día para recordar que, efectivamente, cerca de mil setecientos millones (apenas una cuarta parte de la población mundial) según el prestigioso World Watch Institute, somos eso: “consumidores”, aunque en las zonas del mundo industrializado esta clase suponga cerca del 80% de su población mientras que en los países en desarrollo sólo sean un 17%. Todos somos consumidores, de acuerdo señor presidente, pero no todos consumimos iguUn supermercado anuncia la vuelta al coles en la sección de bebidas alcoholicas.al. Según este prestigioso instituto es consumidor aquel que dispone de al menos 7.000 USD al año para gastar (que vive con más de 18 dólares al día, vamos). El consumo, que sin duda es uno de los más importantes motores de la Economía es también su principal y voraz devorador y destructor, al ser creador de inmensas injusticias y desigualdades. Consumir, comprar bienes y servicios, es una función esencial de los agentes económicos y una variable fundamental en el desarrollo de los países y de las economías y en la creación de riqueza. No en vano se conoce con el nombre de Sociedad de Consumo o Economía de mercado a aquella que se basa en el libre intercambio de bienes y servicios a cambio de un dinero y de la obtención de valor por parte de todos los agentes implicados. Sin embargo es un hecho demostrable que los hábitos de consumo del llamado Norte son a menudo, insostenibles, crean destrucción y pobreza y por lo tanto es urgente cambiarlos ya que ponen en peligro no sólo la vida de los habitantes de los países del Sur sino incluso nuestra propia supervivencia.

La primera reflexión en este día tiene entonces que ver con el privilegio inmerecido de unos pocos (entre los que estamos tú y yo y la desgracia y las dificultades de una mayoría. Y ya que tenemos esa prerrogativa ¿Cómo sentirnos cómodos en ella? ¿Cómo sentirnos y actuar de manera responsable desde ese rol que nos ha tocado jugar? ¿Cómo buscar y trabajar por un consumo inclusivo, respetuoso con el planeta y sus habitantes? ¿Cómo trabajar por un reparto más justo de la riqueza desde la cesta de la compra cotidiana? Aprovecha el comercio justo, el tejido productivo y comercial local, busca iniciativas de slow food y slow fashion, comparte, troca y regala, haz cosas con tus manos, busca iniciativas colectivas de consumo y compra, usa las receSoy la primera para entrar en las rebajastas de la abuela, boicotea a los que explotan  y buycotea (del ingles to buy=comprar) a los que construyen y transforman. Como decía aquel anuncio (pero en otro sentido) Busca, compara y si encuentras algo mejor….¡Compralo! (y compartelo). En un mundo globalizado en el cual la producción se descentraliza y se mundializa, los consumidores debemos tratar de seguir el rastro de lo que compramos y garantizar que no se están apoyando prácticas como la explotación laboral infantil, la destrucción del medioambiente, la remuneración injusta al productor, etc. La reorientación de las prioridades de la sociedad hacia una mejora del bienestar de las personas, en vez de la mera acumulación de bienes supondría la transformación del consumo en una herramienta para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del planeta.

Así las cosas, la segunda reflexión, no por conocida y estudiada tiene que ver con los números Como también dicen los del WWI, en breve, en cuanto los países BRIC –Brasil, Rusia, India, China-entren de verdad en nuestra sociedad seremos ya 3.200 los millones que consumiremos. ¿Puede este planeta soportar esa presión desmedida, inhumana sobre sus recursos? Según eso de la huella ecológica, necesitaríamos casi cinco planetas (que no tenemos, os recuerdo) para servir a esa población al ritmo que demanda. Se hace imprescindible y urgente un cambio sustancial del consumo de la gran mayoría de los ciudadanos del Norte para que no sigamos destruyendo sino que se restauren los ecosistemas y que se permita, por justicia y solidaridad, un bienestar básico suficiente para todas las personas del planeta. Aquí ya está todo inventado (o casi) pero poco practicado. Reduce, reutiliza y, en último caso recicla. Bueno y también repara, regala, rehúsa, rechaza…

La tercera y última. Tenemos Derechos como personas consumidoras. De hecho es lo que primigeniamente estamos celebrando hoy: derecho a la salud y a la seguridad, a la protección de los intereses económicos, a la información…. pero también deberes. El deber de hacer de este mundo un mundo mejor y de dejarlo algo mejor de cómo estaba cuando entramos en él. Es un deber como persona, y en este caso, como persona que consume.

Os dejo este enlace dónde podéis encontrar mucha información: Logo Carro de Combate

¡Feliz día 15 de marzo!

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